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Caerle bien a los clientes

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No se trata de ser chistoso con el cliente, ni querer pasarse de gracioso, más bien se trata de ser asertivo y abrir muchas puertas en el primer contacto, tanto personal como profesional. Y a quién no le gustaría caerle bien a los clientes. Pues bien, aquí te damos algunas técnicas esenciales que te ayudaran a lograrlo.

No es lo mismo caer en gracia que ser gracioso. Hay personas que saben siempre qué palabras utilizar en el momento preciso, que por más extraño que parezca, logran congeniar con todos sus compañeros y clientes, despertando un sentimiento de afecto y sinergia. Piensa en alguien así, siempre cae simpático aunque no estés de acuerdo con sus ideales y pensarás ¿Cómo puede lograrlo?

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Según Andrés Pérez, asesor de posicionamiento personal, existen claves que son básicas y fundamentales “relacionadas entre sí y se retroalimentan” ya que se consigue sentir confianza y complicidad con esa persona.

Ser autentico: La confianza que genera al ser autentico atrae, siempre ir con la verdad por delante y aceptar los errores. A la gente no le gusta llevarse sorpresas negativas, pero si alguien nos dice de frente la realidad de las cosas, pues muy difícilmente dejen de desconfiar.

Hacerlo sentir uno de los nuestros: a todos nos gusta sentirnos cómodos y confiados. Solemos sintonizar con aquellos que se parecen a nosotros: ideas, aficiones, valores parecidos.

Actitud positiva: la gente que cae bien es positiva, enérgica y encuentran soluciones. “Quienes tienen una actitud positiva buscan caminos nuevos, no difunden chismes, animan a la gente que les rodea en momentos malos. Son personas que detectan cualquier situación desfavorable y levantan el ánimo en esos momentos”, nos dice Pérez.

Es importante ser uno mismo, transmitir confianza, optimismo y complicidad son la clave, pero en teoría es muy fácil, en la práctica existen trucos muy buenos para conseguir el triple de lo que deseamos. Son 10 técnicas invaluables:

1. Nómbralo:

“Cuando dices mi nombre tienes 20 segundos de atención inconsciente que pueda provechar para conseguir tu objetivo”, nos dice el consultor José Pedro García.
Es importante que puedas recordar su nombre, si no logras hacerlo, puedes hacer unos ejercicios diarios que te ayudaran: Consiste en asociar la cara de la persona a alguien o algo de tu entorno, para que puedas recordarlo de manera inconsciente.

2. Busca intereses comunes:

Debes de encontrar algún punto de afinidad con tu cliente. Para lograrlo debes desarrollar dos hábitos:

Ejercitar la observación: cuando estés en contacto con tu cliente mira más allá. Observa el estilo de su vestimenta, la decoración de su oficina u hogar, ya que esto se dará detalles de sus gustos, ya sea hacia los deportes, la música, el arte, etc.

Aprender-a-escuchar
Escucha activa: si no lograste detectar sus preferencias durante la observación, pues la escucha activa es la herramienta que debes utilizar. Puedes hacerlo hablando de un tema general, así detectarás a donde el cliente se dirige con sus intereses y cuando llegue a un punto en común, utilízalo.

3. Sé su espejo:

Trata de actuar con los mismos gestos del interlocutor, adecuando el tono de voz, la velocidad y las palabras de la otra persona. Pero muy importante, debes hacerlo en la primera etapa de la comunicación. Si la persona se toca el pelo, tócate la cara. Si cruza los brazos, cruza las manos. Tratar de que parezca que estás bailando el mismo baile. Cuando llevamos un copas de gestos con el cliente, es cuando nos estamos moldeando en su mundo y de esta forma podremos conectar con él. Bailar al ritmo del cliente es la clave.

Empatizar

4. Repite sus palabras:

Cuando estás hablando con la otra persona y repites sus palabras, hace que se sienta comprendido. Esta repetición de palabras tiene un efecto positivo, porque el cliente se siente escuchado y entendido. No trates de cambiarle el sentido a las palabras, porque podría ser negativo y traerle confusión.

5. Utiliza sus sentidos:
El 80% de las personas son visuales, pero hay personas que les gusta más oír o sentir y se detecta en su lenguaje. Lo que hace un profesional es fijarse en las palabras que utiliza su cliente al hablar para detectar que tipo de persona es. Por ejemplo:

Visual: “Ha sido brillante tu exposición”, ya ves, Mira, “No lo veo claro”.
Auditivo: “Escucha” “Eso suena espectacular” Escucha” Eso suena maravilloso.
Kinestésico: se relaciona con las emociones y con el resto de los sentidos, gusto y tacto, olfato: “Toca madera” “Este negocio me huele mal” Esta persona explica todo con suavidad, sabores y colores.
Para tratar con estos clientes, te damos unas pautas:

Si tu cliente es visual, le dices: Ha visto que líneas tan completas tiene el artículo. “Tómelo y mire como se ve en sus manos” Puede visualizar todos los detalles. “Los espejos que posee, se modifican automáticamente para que pueda tener una mejor visión”.
Si tu cliente es auditivo: “Escuche como suena al usted tocarlo”, escuche lo ligero que cierra”.
Si es kinestésico: “Tóquelo y sienta la suavidad que tiene”, enciéndalo y pruébelo.

6. Hazle algunas preguntas:

Debes dejarlo hablar para que sienta que lo estás escuchando. Al hacerle preguntas le das la oportunidad de que se exprese. Y con esto mostramos interés en lo que nos cuenta. ¿A qué te dedicas? ¿Cómo ha sido su día? Y contestándole ¡Qué interesante! o ¡Qué bien!, reforzarás la sensación de que es escuchado. Lo bueno es que al final de la conversación se llegará a la conclusión de que eres un gran conversador, sin tú haber hablado la ni mitad del tiempo.

7. Cuenta alguna anécdota:
Siempre es aconsejable que cuando inicies una conferencia o presentación lo hagas realizando una pequeña anécdota, con algún dato interesante que encajen con la conversación. Pero debes tener cuidado con los comentarios y con tu personalidad para evitar malos entendidos.

8. Sonríe:

Sonreír tiene un efecto tranquilizante en el cliente. Romperás barreras, invitarás a la amabilidad, suaviza las tenciones y los músculos de la cara. Transmite confianza y tranquilidad, revela actitud positiva y optimista ante cualquier situación. La actitud positiva atrae como un gran imán.

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9. Haz que se sienta cómodo:

Caerle bien a tu cliente tiene que ver con hacer que él se sienta cómodo, confiable y seguro. Para lograrlo: pide su copa de agua antes que la tuya o su taza de café, cédele tu asiento, ofrécele lo que necesite. El objetivo es buscar el interés del otro antes que el tuyo, con esta actitud despertará simpatía.

10. Trata de no caer mal:
No somos moneda de oro para caerle bien a todo el mundo, ni ser antipático, pero si ya lo somos, es prudente ponerse en el lugar del otro, para averiguar que dijimos o que hicimos que le pudo causar molestias. Luego de aclarada debes pedir disculpas, diciendo el qué y el porqué. En caso de que la antipatía fue ajena a nuestra voluntad, es mejor esperar que el tiempo pase.

Disculpate

Recuerda, si ya lograste captar la atención de tu interlocutor y es un cliente frecuente que se siente identificado contigo y con la empresa, trátalo en cada contacto como si fuese el primer día, verás que te dará excelentes resultados.